Día de la candelaria, ¡Hay tamaleeees!

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    Día: 6 de enero. Lugar: México, cualquier espacio familiar, entre amigos o de trabajo. La atmósfera está cargada de una mezcla entre alegría y nerviosismo. Millones de personas se reúnen alrededor de sus roscas de Reyes con el firme deseo de que al cortar un trozo no les toque el Niño Dios, sin embargo algunos irán a dormir esa noche sabiendo que en poco menos de un mes tendrán que pagar la comilona de tamales del resto, todo en aras de cumplir la tradición del 2 de febrero, marcado en el calendario católico como el Día de la Virgen de la Candelaria.  

     

    Si te salió el Niño en la rosca quizá te interese saber ¿De dónde viene esta tradición? ¿Por qué tamales? ¿Son mejor los verdes o los rojos? ¿Por qué siempre alguien reclama que los del año pasado sabían mejor? Si sigues leyendo quizá descubras las respuestas a estas y otras interrogantes.

     

    Debemos comenzar diciendo que la celebración del 2 de febrero es la suma de tradiciones alrededor de todo el mundo.  Algunas referencias señalan que el antecedente directo viene del siglo VI, en la Roma Antigua y su procesión de Las Candelas. Los cristianos ortodoxos ya conmemoraban este día con el nombre del Encuentro,  y años más tarde, alrededor de 1400, la iglesia católica también se unió al festejo de origen bíblico que narra cuando María y José presentaron a Jesús al templo 40 días después de su nacimiento; al que posteriormente se sumó la conmemoración de la Virgen de la Candelaria.

     

    A México la tradición llegó con el arribo de los españoles, en 1521.  No hay que olvidar que parte del objetivo era la conquista espiritual, es decir, lograr que los nativos del Nuevo Mundo se convirtieran al catolicismo. Sin embargo resultaba mejor para conquistados y conquistadores hacer una mezcla de lo nuevo con lo ya conocido. Así, el festejo de La Candelaria coincidía con el primer día del Calendario Azteca y con ello se logró un sincretismo, además el maíz no solo era la base de la alimentación de los pueblos prehispánicos, sino que incluso su cosmovisión contemplaba que el hombre había sido creado por los Dioses usando este grano; como verás, los tamales y el atole se incorporaron a la tradición como una especie de ofrenda a lo sagrado, ya sea el Niño Dios o Tláloc y Huitzilopochtli. 

     

    Así que si te tocó pagar los tamales no te sientas tan desdichado, gracias a tu buen tino para elegir los cinco centímetros de la rosca que nadie quería y a tu generosidad, seguiremos celebrando por mucho tiempo más que somos una mezcla de culturas. 

     

    Nota importante: aunque numerosos estudios científicos alrededor del mundo han tratado de establecer si son mejores los verdes o los rojos, aún existe un intenso debate al respecto. A mí me guardan dos de rojo. ¡Ah! y al que reclama cada año mejor ya no lo inviten.

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